La niña con alas

Había una vez una linda pareja que vivía en la ciudad de Salta.

Se conocieron cuando ella tenía 15 años y el 17.

Después de muchos años de estar juntos, decidieron casarse y empezar una familia. Soñaban con tener muchos hijos. Así nació Gonzalo, siguió Soledad, y después vino Enrique. Y al poco tiempo llegó Consuelo, una sorpresa en el cumpleaños de su papá.

Los veranos y los fines de semana los pasaba junto al resto de la familia en El Encón, un campo cerca de la ciudad, al que todos disfrutaban ir. Fue un día, en ese campo, donde por accidente sufrieron la muerte de Enrique. Dolorosa e inesperada. Nadie los había preparado para enfrentar la muerte de un hijo. De a poquito fueron saliendo adelante, aprendiendo a convivir con el dolor encontraron la fuerza en los hijos que tenían todavía con ellos.

Un par de años después nació Mateo, se parecía a muchísimo a Enrique según su papá, como si se lo hubieran devuelto. Mati, como lo llamaba su familia, se convirtió en el compañero de aventuras de Consuelo, una niña traviesa, activa y ocurrente, que siempre estaba ideando algo nuevo.

Esta niña disfrutaba de todos los juegos que podía inventar al aire libre, armar una casita en un árbol, jugar con barro, acampar, tirarse en el pasto a mirar las estrellas, andar a caballo, y acariciar cuanto animal se le cruzara.

Todas las noches esperaba a su papá que al cruzar la puerta le abría los brazos y la llenaba de besos.

Siempre fue muy sensible y susceptible a las críticas y a los retos.

Al criarse entre tantos hermanos, nunca sintió que le dedicaran una completa atención. Muchas veces jugaba sola, en silencio. Inventaba mundos de fantasía y viajaba a través de ellos.

Conoció desde pequeña la exigencia de sus padres por destacarse en algún deporte o actividad.

El colegio no era su mayor fuerte. Se distraía con facilidad, y las matemáticas y las ciencias le costaban más que a muchos de sus compañeros. Al punto tal que llegó a hacer los números al revés!

Tenía miedo a las malas notas y a los retos de sus padres.

Se comparaba mucho los demás. Con lo que sus compañeras tenían y ella no, con aquello en lo que muchos se destacaban y ella no.

Soñaba con tener el pelo muy largo y poder usar trenzas,

Admiraba a su hermana mayor, aunque está muchas veces no la dejara jugar con ella y sus amigas, y le costaba prestarle sus juguetes por ser poco cuidadosa (los suyos siempre terminaban descartados).

Ir a misa todos los domingos era una costumbre en la familia. A ella no le gustaba, no lograba concentrarse y sentía que los minutos parecían horas adentro de la iglesia.

Cuando tenía 7 años nació Alfonso, al que adoptó como un hijo y un compañero de juegos.

Harry Potter marcó su niñez y su pre adolescencia. Se sumergia en ese mundo mágico con tanta facilidad y emoción, que al cerrar su libro se entristecía por tener que volver al suyo.

Fue creciendo, y aprendió a ser más perceptiva con respecto a las relaciones familiares y los sentimientos propios y ajenos..

Vio a su papá llegar a casa muchas veces enojado, de malhumor y cansado. Lo escuchaba levantar la voz, enojarse muy fuerte.Empezó a sentirse más lejana a él.

En su adolescencia conoció todo tipo de emociones: desde el enojo, el miedo, y la inseguridad, hasta el amor. Se complicó su relación con sus padres. Sentía injustos sus no, y empezó a mentirles a veces para poder salir. Su papá ya no era aquél que la encerraba con un abrazo, y su mamá era ahora el personaje malo de una película que le negaba lo que ella quería.

Su cuerpo cambiaba, y eso no le gustaba.

Sintió compararse aún más con los demás, y poner el foco en lo que faltaba y en cómo le gustaría ser. Sentía que como era no era suficiente. Adoptó esta creencia como una forma de vida que la acompañó los años que siguieron.

Un día toco volar, y conoció su tan ansiada independencia. Se alejó de su casa, conoció una gran ciudad, y aprendió a vivir y a moverse en ella. Le gustaba esta nueva libertad. Y la universidad, también. Tenía un novio al que quería, y estaba feliz con su vida.

Empezó a convivir con su hermana, y a conocerse desde otro lugar, desde adultas. Como agua y aceite tenían sus desencuentros. Sole era muy ordenada, metódica y organizada, y ella vivía sin estructuras ni mucho orden.

Tenía una vida tranquila, estaba de novia con un chico que le había gustado desde el colegio, y se sentía feliz a su lado.

Iba a Salta para las vacaciones de Julio y para el verano. Su vida en Salta también había cambiado, ya que en su primer año viviendo en Buenos Aires, sus padres decidieron mudarse, y empezar a construir la casa con la que siempre habían soñado.

Una navidad discutió muy fuerte con su padre, que perdió los estribos, y empezó a gritar. Ese año la marcó, sus padres discutieron mucho, y tanto ella como sus hermanos pensaron que se separaban. Pero decidieron seguir.

Desde entonces la relación entre ellos fue bastante tensa. Consu percibía como los abrazos y miradas entre ellos se estaban extinguiendo y daban paso a discusiones o malos tratos. Se acostumbró a ver un padre más malhumorado y una madre más ausente.

Empezó a ser más consciente de las personalidades de cada uno de sus hermanos.

Gon, el más grande, que había tenido varios tropiezos durante sus años en Buenos Aires y con su carrera, se había vuelto a Salta por decisión de sus padres para empezar a trabajar y ¨sentar cabeza¨

Sole, muy sensible, introvertida e incapaz de enfrentar a sus padres, tener una conversación frontal con ellos, o incluso escucharlos discutir.

Maty, callado, y también introvertido, empezó a poner más distancia con su familia, en especial con su padre.

Alfon, el más chico, con su carácter y su inteligencia, cada vez crecía más, y Consu lo veía crecer a la distancia. Ya no compartían el día a día ni tenían mucho en común.

Pasaron los años y la niña dejó de ser niña, la adolescente pasó a ser una joven que terminó su carrera y empezó a trabajar.

Se sentía incómoda, el trabajo de 8 horas y la relación de 5 años le estaban pidiendo un cambio.

Decidió emprender una aventura, alejarse de su hogar una vez más, pero todavía más lejos. Esta vez se iría al otro lado del mundo.

A partir de entonces el mundo le abrió sus puertas, y se vió pequeña ante tanto por conocer. Se prometió viajar y seguir sus sueños.

La relación que tenía con su familia también empezó a cambiar. Ya no compartía el día a día con ninguno de ellos. La distancia también le daba una perspectiva y una mirada distinta hacia ellos.

Se alejó de ellos un tiempo, o ellos se alejaron de ella. Vivía en un mundo distinto al que había dejado, y muchos de los deber ser que había conocido en su hogar y compartido con sus hermanos, ya no le encajaban en esta nueva vida.

Pero un día volvió, y como la familia es la familia, los vínculos volvieron a fortalecerse.

La Consu que volvió no era la que se había ido. Y así fue como empezó a reencontrarse con sus hermanos y sus padres, a vincularse desde esta nueva Consu, que volvía distinta a un mundo que seguía igual.

Mayo 2020 - Por Consu Juncosa

Unidad 6 - Album familiar

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