Con vértigo a frenar

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Me veo chiquita en ese paisaje inmenso. Es un camino encharcado.

Recuerdo las botas hundiendose con cada paso, haciendose difícil no embarrarse. 

Por suerte está amaneciendo y no siento miedo porque hay luz.

Esta es mi luz preferida, me gusta que esté nublado. Es más agradable a los ojos, y me permite tenerlos abiertos por completo. En cambio, cuando el rayo de sol llega directo a mis ojos o hay resolana, me encandila, me enceguece.

No hace frío ni calor, no hay gente ni ruido. Camino con firmeza, cargando una mochila. 

Voy corriendo, y de pronto freno. Me veo, no me gusta, estoy cansada y enojada. 

Sigo corriendo. Saco las fuerzas no se de dónde. Pero no puedo parar, no se hacerlo.

O no debo. Y me da miedo la culpa que sentiría por frenar.

Mejor sigo, sin perder el envión, es más fácil.

Sigo.

Se que después de la tormenta me va a sorprender mi propio camino.

Quizás no sabré como lo hice, pero tendré los resultados de haberlo hecho.

Seré una mujer nueva, con muchas cosas aprendidas.

Noviembre 2019 - Por Justina Bulbarella

Unidad 4 - Autorretrato: La mirada interior

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