La naturaleza como espejo…

Todo lo que nos rodea es un reflejo de algo que hay en nuestro interior.

La fotografía es un medio que me acompaña desde mi adolescencia. Cuando descubrí la cámara de fotos y el poder de congelar un momento para siempre, me enamoré instantáneamente. Quizás por mi manera de ser más nostálgica, a veces un poco solitaria y de contemplar lo que me rodea con una sensibilidad especial. 

Con la cámara de fotos, somos como dos grandes amigas. Desde que nos conocimos no nos separamos más, como alguien que, aunque no hables todos los días, es una fiel amiga. Sabés que siempre va a estar ahí, sin importar lo que pase: en silencio me comprende hasta cuando yo no me comprendo.

Viajé sola muchas veces  por el mundo y la cámara siempre me acompañó como copiloto, siendo mi mejor compañía. Me sirvió y me sirve para ir registrando todas mis etapas.

Mi vida, como la de todos, va cambiando y yo me voy transformando. La fotografía me sirve para conocerme y para conocer el mundo.

La cámara fotográfica, o cómo la llamo yo, “los ojos del alma”, es lo que me conecta conmigo. Eso que hay bien adentro, y que es solo mio, mi mundo interior, que a la vez me gusta compartirlo con el mundo, compartiendo mi propia mirada. 

Una mirada que, quizás con el correr de los años, vaya cambiando. Quizás mire cosas que antes no veía, o quizás vuelva a mirar cosas que deje de mirar. 

Pese a los cambios, se mantiene una misma esencia, esa que me conecta con el sentido de la vida. Para mí está en la naturaleza, en caminarla, olerla, saborearla, mirarla, oírla y disfrutarla. 

Todo lo que nos rodea es un reflejo de algo que hay en nuestro interior. 

La naturaleza me da paz, la mirada de un animal, verlo ser en su hábitat, disfrutar de ir al mar con mi perro y verlo feliz, caminar solos por el bosque, ver a mi gato dormir en paz, contemplar sus modos tan elegantes y como sabe darse amor a sí mismo cada vez que se acicala. Como también ir por la ruta, frenar y ver como a un ciervo se le cae la cornamenta. Acariciar a un cerdo, mirar un rebaño de ovejas, los pajaritos a la mañana, o mismo encontrar una serpiente que me lleva a enfrentarme con mis propios miedos.Finalmente de todos se aprende: viendo en ellos y en la naturaleza nuestros propios procesos y ciclos de cambios, resultando ser una gran guía.

En los últimos años entré en un proceso de sanación. Empecé a utilizar la fotografía como un medio de autoconocimiento. Al ser la herramienta que me acompañó durante todo este tiempo, pude llegar más a fondo, observando mi mirada, conocerme y  hacer conscientes muchas partes inconscientes. Acompañé y acompaño a muchas personas en este proceso de descubrirse y conocerse, y combiné todo lo que me gustaba en esta terapia alternativa que me hizo muy feliz, como a otras personas.

Hoy, una vez más vuelvo al cambio, vuelvo a agarrar la cámara, salir de la mente, irme a la naturaleza, enfocar y accionar apretando el botón para disparar. Pero esta vez no lo quiero hacer sola, quiero poder compartir mis experiencias. Mostrarles mi mundo y que me compartan el suyo.

En mi vida, como en este retiro, no hay técnica: sólo intuición, y muchísimo amor.

Hoy en día todos podemos detenernos a mirar algo y capturarlo, ya sea mediante una cámara sofisticada, sin descartar hasta el más humilde de los celulares.

No hace falta solamente ser bueno en la técnica, yo al menos no me considero una fotógrafa técnica, sino más bien intuitiva. Voy persiguiendo la luz, y muchas veces también la oscuridad. Vibrando con los colores, con sus luces y sus sombras. También con el paisaje que se me presenta y con los personajes que van apareciendo en el camino. No busco la foto perfecta, busco la foto sentida, y sentida para mí, para nadie más que a mí. 

- Nicole Arcuschin